lunes, 1 de octubre de 2012
Tren ¿con destino a...?
- ¡No...! ¡Espera! ¡Para, para para...! Vale, acabo de perder el tren de las 20.15h... ¡Ahora tengo que esperar una hora hasta que llegue el siguiente! ¡Llegaré tarde a la clase de baile! - murmuro entre dientes, enfadada conmigo misma. Me freno en seco, ya no hay nada que hacer.
Hay una mujer sentada en el viejo banco del andén, a escasos metros de mí. Tiene la mirada perdida. En su cara se reflejan las huellas que ha dejado el paso de la vida, de su vida. No sabría decir cuántos años tiene, creo que rondará los 60.
Es una mujer elegante. Lleva una chaqueta marrón a juego con los zapatos. Pantalones beige. Un foulard con tonos dorados. En sus manos lleva anillos y pulseras de oro. Saca el móvil, enciende la pantalla y lo vuelve a guardar en su bolso de color beige. Al cabo de unos segundos, vuelve a sacarlo, parece impaciente, como si estuviera esperando una llamada o un mensaje de alguien. O quizás es ella la que esté pensando en llamar o en escribir un mensaje a alguien. Al cabo de un instante, vuelve a guardarlo en su bolso.
Ahora vuelve a tener la mirada perdida.
Pasa un tren, pero no es el mío. La mujer tampoco se sube a él.
Inquieta, me pongo a pasear por el andén, de un lado al otro. - "El baile implica disciplina. Y usted, señorita ¡carece de ella!"- me dirá Margarett, la profesora, nada más entrar.
Vuelve a pasar otro tren, he perdido la cuenta, creo que en este rato han pasado otros tres. Me doy media vuelta para continuar hacia el otro extremo del andén. La mujer sigue ahí, inmóvil, mirando al infinito.
- ¿Cuánto llevará ahí?- Pienso, mientras la observo.
Quizás lleve toda la tarde.
Quizás haya llegado tarde como yo y esté esperando a que llegue el mismo tren.
Quizás ha ido a la estación y en realidad no espere ningún tren.
Me pregunto cuántos trenes habrá visto pasar a lo largo de su vida. ¿Se habrá subido siempre a los que debía? ¿Habrá cogido alguno que no le llevaba a ninguna parte? O quizás, ¿se habrá subido a alguno que le llevaba a un lugar equivocado?
Me paro un momento a pensar si yo me habré subido siempre a los trenes "buenos". Pienso en los trenes que he dejado escapar. ¿Cuántos trenes perdemos por miedo? Miedo a equivocarnos, miedo a fracasar, miedo a sufrir o a que sufran los de nuestro alrededor, miedo al dolor por llegar a un destino incorrecto.
¿A cuántos nos subimos pensando que serán los trenes que nos llevarán al destino esperado, a aquél donde encontraremos la felicidad?
¿De qué trenes no nos bajamos por no tener el valor suficiente, incluso sabiendo que puede haber otros trenes mejores?
Y, ¿cuántos trenes perdemos, siendo conscientes o no, de que no volverán a pasar?
¿Hubiese cambiado ligeramente mi vida si hubiese cogido el tren de las 20.15h? Y no, ahora no me estoy refiriendo especialmente a haber llegado puntual a la clase de Margarett...
- ¡Mira, ahí viene el tren de las 21.15h!
A.
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